El antiguo penal de Topo Chico, conocido por su violencia, fue desmantelado en 2019 en Monterrey, Nuevo León. Desde entonces, en su lugar se ha instalado un parque donde niños juegan fútbol y familias realizan actividades al aire libre.

El espacio se ha convertido en un punto de encuentro para la comunidad, que aprovecha el área para pasear y ejercitarse. Esta transformación representa un cambio significativo en el uso del terreno.

En un intento por construir un hospital en el sitio, los vecinos se organizaron para evitarlo y buscan que el parque sea declarado área protegida. Aunque aún no han logrado este objetivo, están cerca de conseguirlo.

La iniciativa refleja el interés de la comunidad por conservar un espacio público que promueve la recreación y el bienestar en la zona.